CLARITY Act: 18 estados de EE. UU. se unen para bloquear la ley cripto en el Senado
Una coalición bipartidista de 18 estados liderada por Nueva York se opone al CLARITY Act antes de su votación en el Senado de EE. UU.
Una coalición bipartidista de 18 estados liderada por Nueva York se opone al CLARITY Act antes de su votación en el Senado de EE. UU.
La fiscal general de Nueva York, Letitia James, ha tomado la iniciativa contra el CLARITY Act, la propuesta de ley federal destinada a clarificar la regulación de las criptomonedas en Estados Unidos. Y no lo hace sola: lidera una coalición bipartidista sin precedentes formada por 18 estados, decidida a frenar el texto antes de su paso por el Senado.
Este frente común, que aglutina tanto a estados demócratas como republicanos, lanza un mensaje contundente a Washington: la batalla por el control de la regulación cripto no ha hecho más que empezar, y los estados no tienen intención de ceder terreno sin dar pelea.
Detrás de esta movilización subyace una pregunta fundamental: ¿quién debe regular las criptomonedas, el gobierno federal o los estados? La respuesta podría redefinir de forma duradera el panorama regulatorio estadounidense.
En una carta fechada el 14 de septiembre y dirigida al presidente de la Comisión Bancaria del Senado, Tim Scott, Letitia James formalizó la oposición de una coalición de 18 fiscales generales estatales. Entre ellos figuran representantes de California, Washington, Arizona, Massachusetts y Nueva Jersey, un espectro político amplio que refleja el carácter transversal de esta oposición.
El CLARITY Act (Crypto and AI Regulatory Landscape Act) pretende establecer un marco federal unificado para la clasificación y supervisión de los activos digitales, transfiriendo una parte importante de las competencias regulatorias a agencias federales como la SEC y la CFTC. Es precisamente este punto el que concentra las tensiones: los estados lo interpretan como un intento de socavar sus propios mecanismos de protección al consumidor.
La coalición argumenta que el texto debilitaría las protecciones existentes a nivel estatal, especialmente en materia de lucha contra el fraude y las estafas cripto, en beneficio de un régimen federal considerado insuficientemente protector para los inversores minoristas.

El núcleo del desacuerdo gira en torno a la preemción federal: si el CLARITY Act se aprueba tal como está redactado, las leyes estatales sobre valores digitales podrían quedar invalidadas en numerosos ámbitos. Para estados como Nueva York, que cuenta con la BitLicense —uno de los marcos regulatorios cripto más estrictos del mundo—, esto supone una línea roja infranqueable.
Los partidarios del texto defienden el argumento contrario: la actual fragmentación regulatoria entre 50 estados genera una inseguridad jurídica que frena la innovación y empuja a las empresas cripto a establecerse en el extranjero. Un marco federal armonizado permitiría, según ellos, ofrecer visibilidad a los actores del sector manteniendo al mismo tiempo un nivel de supervisión adecuado.
La votación en el Senado, inicialmente prevista para el 15 de septiembre, constituye una prueba decisiva para el futuro de la regulación cripto en Estados Unidos. Si la presión de los 18 estados logra bloquear o enmendar significativamente el texto, supondrá un punto de inflexión en la pugna entre regulación federal y soberanía estatal sobre los activos digitales, con posibles repercusiones en el conjunto de los mercados cripto a escala global.
Para los actores del sector, el desenlace de este pulso está lejos de ser irrelevante. Un rechazo o aplazamiento del CLARITY Act mantendría el statu quo regulatorio fragmentado, obligando a los exchanges, los emisores de tokens y los protocolos DeFi a seguir navegando entre exigencias estatales heterogéneas. A corto plazo, esto lastra los costes de cumplimiento normativo y la capacidad de expansión de las plataformas.
Por el contrario, una aprobación del texto pese a la oposición de los estados abriría la puerta a un marco más predecible para los inversores institucionales, susceptible de reforzar la confianza de los grandes inversores y de acelerar la llegada de nuevos productos financieros cripto al mercado estadounidense. Los debates en torno a los ETF spot sobre altcoins, por ejemplo, se beneficiarían de una mayor claridad regulatoria.
En cualquier caso, este enfrentamiento entre Letitia James y el Congreso ilustra una realidad estructural: la regulación cripto en Estados Unidos sigue siendo un terreno profundamente político, donde las disputas de poder entre instituciones pesan tanto como las consideraciones técnicas sobre la protección de los inversores.
Léa forma parte del equipo de InvestX, dedicado a acompañar a los miembros en su formación. Apasionada por las criptomonedas, sigue de cerca la evolución del mercado. En InvestX.es, escribe artículos para ayudar a los lectores a analizar la actualidad y comprender día a día lo que sucede en el mundo de la blockchain.
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