GENIUS Act: el primer plazo regulatorio incumplido, ¿y ahora qué?
El GENIUS Act ha fallado su primer gran plazo regulatorio. Analizamos qué bloquea la regulación de las stablecoins en EE. UU. y qué implica para el mercado.
El GENIUS Act ha fallado su primer gran plazo regulatorio. Analizamos qué bloquea la regulación de las stablecoins en EE. UU. y qué implica para el mercado.
El GENIUS Act, la ley estrella del Congreso de los Estados Unidos sobre la regulación de las stablecoins, acaba de incumplir su primer gran plazo de implementación. Una señal de alarma para un sector que lleva tiempo esperando reglas claras.
Detrás de este retraso se esconden tensiones profundas entre la banca tradicional, los reguladores federales y la industria cripto. El proceso que viene se perfila mucho más complejo de lo previsto.
Analizamos qué está bloqueando el avance, qué exigen los distintos actores implicados y qué consecuencias concretas tiene todo esto para el futuro de las stablecoins en Estados Unidos.
El GENIUS Act (Guiding and Establishing National Innovation for US Stablecoins) había sido presentado como el texto fundacional de la regulación de las stablecoins en Estados Unidos. Aprobado en comisión en el Senado con respaldo bipartidista, imponía a los reguladores un calendario preciso para elaborar las primeras normas de aplicación. Ese calendario no se ha cumplido.
Este tropiezo no es menor. Ilustra la dificultad estructural de traducir una ley en regulación operativa cuando varias agencias federales —entre ellas la Fed, la OCC y la FDIC— deben coordinarse. Cada una defiende su ámbito de competencia y los acuerdos se demoran. El resultado: una zona gris regulatoria que persiste en detrimento de los emisores de stablecoins que buscan cumplir con la normativa.
Para los actores del mercado, este retraso no es inocuo. Emisores de stablecoins como Circle o Paxos no pueden finalizar sus estructuras de cumplimiento normativo sin reglas precisas sobre reservas, auditorías o requisitos de capital. La incertidumbre jurídica sigue siendo total y, con ella, el riesgo de arbitraje regulatorio en favor de otras jurisdicciones —Europa a la cabeza, con el marco MiCA ya en vigor.
Entre los actores más activos en este pulso regulatorio, los grandes bancos estadounidenses han tomado posición. Piden explícitamente una revisión de las normas propuestas en el marco del GENIUS Act, argumentando que ciertas disposiciones generan una competencia desleal entre los emisores bancarios y no bancarios de stablecoins.
El núcleo del debate gira en torno al acceso a las reservas en dólares y las condiciones bajo las cuales entidades no bancarias —fintechs, empresas cripto— podrían emitir stablecoins respaldadas por activos seguros. La banca sostiene que estas entidades se beneficiarían de un régimen más laxo sin asumir las mismas exigencias prudenciales que ellas. Un argumento que tiene mucho peso en los pasillos del Congreso.
Esta presión bancaria ralentiza mecánicamente el proceso de elaboración normativa. Los reguladores deben ahora integrar estas objeciones en sus consultas públicas, lo que retrasa aún más el horizonte de una regulación definitiva. Según varios analistas que siguen el expediente en Washington, una aprobación de normas definitivas antes de finales de 2025 parece ya poco probable.
El mercado de las stablecoins representa hoy más de 230.000 millones de dólares de capitalización, dominado en más de un 60 % por el USDT de Tether. Paradójicamente, este vacío regulatorio estadounidense beneficia a los emisores offshore, sometidos a menores exigencias de transparencia. Tether, registrado en las Islas Vírgenes Británicas, sigue operando sin ningún marco federal estadounidense vinculante.
Para los actores que apuestan por una regulación clara —Circle con el USDC a la cabeza—, cada mes de retraso es un mes de competitividad perdida frente a competidores con menos escrúpulos normativos. Europa, por su parte, avanza: el reglamento MiCA impone desde junio de 2024 requisitos estrictos a los emisores de stablecoins que operan en el Viejo Continente, creando un precedente que Washington observa con atención.
La pregunta central sigue sin respuesta: ¿logrará el GENIUS Act producir un marco regulatorio coherente antes de que el mercado se estructure definitivamente en torno a otras normas? El retraso acumulado refuerza las dudas sobre la capacidad del sistema legislativo estadounidense para regular eficazmente una industria que evoluciona a una velocidad sin parangón con los ritmos institucionales tradicionales.
Léa forma parte del equipo de InvestX, dedicado a acompañar a los miembros en su formación. Apasionada por las criptomonedas, sigue de cerca la evolución del mercado. En InvestX.es, escribe artículos para ayudar a los lectores a analizar la actualidad y comprender día a día lo que sucede en el mundo de la blockchain.
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