La senadora republicana Cynthia Lummis eleva el tono. Para ella, el futuro de la regulación cripto estadounidense va mucho más allá de Wall Street: es una cuestión de soberanía financiera mundial.
Su mensaje es claro: si el Congreso no aprueba el CLARITY Act, no será Washington quien escriba las reglas del próximo sistema financiero, sino Pekín. Una advertencia que resuena con fuerza en un contexto de creciente rivalidad geopolítica en torno a los activos digitales.
El proyecto de ley ya ha superado una primera etapa clave, pero el camino legislativo sigue lleno de obstáculos. Y cada semana de retraso, según Lummis, es una semana regalada a China.
El CLARITY Act, un texto en el centro de la batalla regulatoria cripto
El CLARITY Act es un proyecto de ley que busca establecer un marco regulatorio claro para los activos digitales en Estados Unidos, definiendo en particular la frontera entre valores mobiliarios y materias primas en el universo cripto. En mayo de 2025, el Senate Banking Committee votó para impulsar el texto —una victoria simbólica, pero lejos de ser suficiente.
El proyecto aún debe ser aprobado por las dos cámaras del Congreso antes de llegar al escritorio del presidente. Un recorrido legislativo que, en el contexto político actual, sigue siendo incierto. Los debates entre demócratas y republicanos sobre el alcance exacto del texto continúan frenando su avance.
Para los actores de la industria cripto, la ausencia de un marco regulatorio claro en Estados Unidos genera una inseguridad jurídica persistente. Exchanges, emisores de stablecoins, protocolos DeFi: todos esperan reglas del juego estables para estructurar sus operaciones en suelo estadounidense.
Lummis y el argumento geopolítico: China como elemento disuasorio estratégico
Cynthia Lummis recurre a un argumento que va más allá del simple debate técnico sobre la clasificación de los tokens. Al invocar a China, sitúa la discusión en el terreno de la competencia geopolítica —un registro mucho más eficaz para movilizar a legisladores poco familiarizados con las complejidades de la blockchain.
La estrategia no es nueva: recordar que Pekín desarrolla activamente su yuan digital (e-CNY), que controla una parte significativa de la potencia de minería mundial, y que invierte de forma masiva en infraestructuras blockchain a escala internacional. Si Estados Unidos no establece sus propios estándares, otros lo harán —y esos estándares se impondrán de facto a los mercados globales.
Lummis es una de las voces más constantes del Senado en favor de una regulación pro-cripto. Es además la impulsora de la propuesta de reserva estratégica de Bitcoin para Estados Unidos. Su posicionamiento respecto al CLARITY Act se enmarca en esa misma visión: convertir a Estados Unidos en el hub mundial de las finanzas descentralizadas, antes de que otros ocupen ese papel.
Qué significaría el fracaso del CLARITY Act para el mercado
Sin un marco legislativo federal, la regulación cripto estadounidense seguirá fragmentada entre la SEC y la CFTC, dos organismos con enfoques frecuentemente contradictorios. Esta ambigüedad empuja a ciertos proyectos a establecerse en el extranjero —en los Emiratos Árabes Unidos, Singapur o Europa, donde el reglamento MiCA ofrece ya una visibilidad regulatoria que Washington aún no puede garantizar.
La aprobación del CLARITY Act permitiría clarificar qué tokens están sujetos al derecho de valores mobiliarios y cuáles se consideran commodities. Una distinción fundamental que condiciona las obligaciones de cumplimiento normativo de los exchanges, los emisores y los inversores institucionales.
Para los mercados, la incertidumbre regulatoria actúa como un freno estructural a la adopción institucional. Las grandes instituciones financieras dudan en desplegar capital significativo en un entorno donde las reglas pueden cambiar de un día para otro por efecto de una decisión judicial o un cambio de doctrina de la SEC. El CLARITY Act, de aprobarse, podría eliminar ese bloqueo —y potencialmente desencadenar un nuevo ciclo de entradas institucionales en el mercado cripto estadounidense.